jueves, 8 de mayo de 2008

calentamiento....

El señor presidente se levantó como siempre luego de recibir en su habitación el café caliente que uno de los tantos criados le llevaba a diario. Escuchando noticias en la radio mientras se duchaba, impaciente porque ya comenzaban desde las seis de la mañana las llamadas telefónicas y los mensajes "desde fuera" acerca de los distintos asuntos por manejar, por tratar, por resolver a lo largo del día.
La dura jornada contenía muchos temas en la pesada agenda... pero a él no le importaba. Estaba despierto temprano porque tenía que mostrarse públicamente, para seguir aumentando su carisma frente a la ignorante masa que lo había elegido. Sus delegados estaban agotados, porque ellos sí trabajaban, mientras él sólo pronunciaba palabras de un discurso que sus cercanos elaboraban para que él diera a conocer públicamente.
"Los de arriba" lo llevaron al poder. A esos, la gente los conocía pero a la vez no. Hasta el más pelele podría ser el dueño del país y nadie lo notaba, porque era de "los de arriba" y ese nombre sólo lo mencionan los relacionados con ellos, y eso que con cierto recelo, porque nadie se debe dar cuenta que existen.
Esos "de arriba" fueron los mismos que se encargaron de la eliminación física de más de un opositor, porque ya estaban empezando a tocar temas delicados que involucraban a este "cónclave" encubierto en apariencias, apariencias que engañan final y constantemente.
El presidente se sentó a desayunar y otra llamada por celular lo interrumpió. Así fuera el detalle más pequeño, tenía que contestar. "Deje eso así, que lo haga el ministro de transportes" fue la respuesta lenta y perezosa del presidente, que sonaba como si diera consejos, pero era en verdad delegación de funciones. Al rato, otra llamada. "Ayer le dije que esos fondos los manejamos con los de arriba, así que quédese callado y no mencione más ese tema, ud sabe que eso hace daño, que hablar de más trae consecuencias negativas". Seguramente el interlocutor también estaba enterado de la existencia de "los de arriba".
Así era todo el día, recibiendo llamadas, leyendo correos, recibiendo informes, un jefe que no es jefe, un jefe-no-jefe, ese era el presidente. "Los de Arriba" lo llamaron a decirle que diera la orden de aumentar impuestos y que lo dijera públicamente. Que ya tenían otro chivo expiatorio para poder mantener ocultos los desvíos de fondos de las inversiones sociales. Víctimas inocentes, y así por la mañana del otro día luego de una "dura" jornada, se congregaban en la plaza porque el "buena gente" del presidente los saludaba todas las mañanas a las siete y media. "Los de Arriba" estarían dormidos a esa hora, pero las órdenes que daban siempre eran bien pensadas, con tiempo y exactitud simultáneamente.