viernes, 9 de mayo de 2008

EL AMANTE (MAYO 08 DE 2008)

Los momentos eran sólo eso, momentos… la noche de sensaciones ambiguas cubría toda la habitación después de la entrega entre ambos cuerpos… la alegría momentánea cubría su rostro pero observando el techo, escrutando todo el cuarto surgían diversas sensaciones, diversos pensamientos… triunfalismo efímero, dudas, optimismo, ilusiones, interrogantes… ella sería para él nada más, ella y él, ella sin él, ella con él, ella con los dos, ella fingiendo, él fingiendo, ella con su gente, él solitario, él pensativo, él creyéndose incomprendido… él tocando el cielo con las manos, otra vez la misma habitación, otra vez la alegría, el triunfalismo efímero, la tristeza absurda cuando quizá debía existir sólo alegría… la certeza de que el final podría llegar en cualquier momento… tantas sensaciones, tanta existencia tan cíclica….

Se levantó algo temprano, porque aunque dormía bien con ella sobre su pecho, a veces en la noche despertaba y no podía creer que ella estaba ahí. Ella, la ella tan esquiva a veces, la ella que él dejaba de ver en muchas ocasiones, la que se tenía que ir en algún momento, que se tenía que ver con él casi rigurosamente, porque aquél que dormía a ratos no era sino una existencia paralela… un departir inexplicable, pero existente. El verdadero hombre de ella estaba en otros lares, inocente o quizá en el fondo consciente, pero en otros lares.

Mientras tanto, él, ella, se besaban nuevamente, cuerpos se estrechaban una vez más, y la sensación de lo efímero otra vez en el ambiente. Él, tratando de engañar la realidad, anhelando la soledad de ambos para olvidar las certezas establecidas por el tiempo de lo pasado, por las existencias antes del encuentro de ambos… ella, confundida, prosiguiendo con un sentir, que podría ser un karma, no lo sabía, que podría ser verdadero, fatal engañando a su amor. Pero allí estuvo y estaba, con él, de nuevo, retozando, brindando muchas cosas, de pocas cosas… mucho es poco cuando mucho puede ser mucho más.

Él, de nuevo, silencioso. Ella preguntando, qué futuro imaginar, él silencioso, estamos viviendo algo. Ella de nuevo, hasta dónde puedes llegar, él, aquí estamos, y hasta muchos lugares más, hasta muchas cosas más podré hacer… en su mente… respondiendo, ni te imaginas, pero sólo el tiempo lo dirá, hasta donde ella quiera llegar, también…

Un café por la mañana, desayuno con cortejo, luego nuevamente, miradas van y vienen, besos tempraneros después de la noche regocijante. Salir a la calle, rostros desconocidos, el caos del centro, los cafetines de los alcohólicos que ya por la mañana desayunan etílicamente, los ladrones al acecho, la venta del periódico con las noticias novedosas que, como la salsa de Lavoe, sensacionales en la mañana, por la tarde materia olvidada… incomodidad, en la calle no la puede besar, su mano no puede tomar, ansioso por la sociedad, los amigos los familiares ella pensando en el qué dirán, pero es por ella, él no tiene nada que esconder, hay que comprender quizá llegará otro día y luego sí se podrá hacer muchas cosas delante de los demás… quiere llegar a la casa, despedirse ya de ella porque quiere estar solo un buen rato para pensar; a veces pensamientos alegres, optimistas, otras veces duda, opresión en el pecho, dolor en el estómago con puñaladas temiendo desamor, cuestionando, lamentando cuestionar porque no quiere hacerlo, porque no la quiere cuestionar, sólo quiere sentir…

Desayuno por la mañana cargado de ilusiones, conversas de expectativas de la vida, los niños que pueden llegar algún día quizá, el mueble que vamos a comprar si viven juntos, los amigos que ya saben la verdad, ella alegre y proyectando, preocupada por los dos, pensativa, pendiente del trasegar, él terco y silencioso de vez en vez… café en la noche leyendo el diario, escuchando la radio otra vez retozando, sudando mordiendo y besando, manoseando y zigzagueando en la cama grande y también en la pequeña, frotando cuerpos sudorosos cargados de erotismo… conversaciones después del sexo, anhelos de nuevo, los dos solos soñando, él reflexionando, es una porquería, el otro sufriendo su daño….

Otra vez, esta vez en la habitación pagada, retozando en la noche, duchándose y besándose, felices en una dual soledad de un rato que luego será soledad para él solo en la luz de la calle, la luz que igual da si es de día o de noche, pues igual tal luz cae sobre ellos, peligrosa a veces… él de nuevo, anhela oscuridad, que nadie los vea, para poder besar, tocar, mirar, acariciar, retozar… llamada telefónica, es él, ella feliz, diciéndole cosas bonitas, el otro parado frente al espejo del lavamanos de la habitación pagada lamentando con los dientes apretados, la sangre del estómago ardiendo ferozmente, ganas de escapar, ganas de buscarse “otra”, ganas de beber y renegar, ganas de no – ganas, ganas de perderse y no pensar más.

En público saludando como el amigo nada más, otra vez se lamenta y se reduce a un silencio y la mirada con rabia se encubre en la paciencia que no cree tener, pero sí la tiene. Ella parece tranquila, lo mira de reojo, él la evade, con sus ojos le dice no aguanto más, el show sigue, la escena luego se repite, beso de amigo en la mejilla, amigos en la luz, saludo de amigo por el teléfono, él renegando, encolerizado a veces… ganas de dormir y no pensar cuando estuvo enfermo esa tarde que tenía agotamiento, no la quería ver, renegó otra vez y decidió echarse a dormir. Ganas de pegarse un tiro, de emborracharse hasta la médula y que “no me jodan más”, así algunas veces, otras veces contento, jocoso y optimista, luego colérico impaciente y pesimista.

Él grosero y evasivo, ella de nuevo… él haciendo planes, su sonrisa deleitándole, su mirada casi transparente alegrándolo, de nuevo forjando, luego por la noche ya no más, luego silencioso… él se va marchando, dijo que ya no quiere más sin tan siquiera haberlo dicho, allá ella, ya está cansado, no quiere más circos, no quiere más shows, no escenas que se repitan, quiere ser el que es, ser en la luz lo mismo que en la oscuridad. Por eso empacó su equipaje una mañana donde nadie lo ha podido encontrar, sólo unos pocos de sus amigos saben la verdad de lo que acaeció y el por qué de su viaje.

Viaje frío, caliente frío, templado, extraño, tierras raras, desconocido, silencioso, saludando a los vecinos, leyendo las noticias, tomándose las cervezas en el bar donde está jugando billar, luego la llamada que vale quinientos pesos el minuto de celular para decirle a uno de los compadres que está bien y que entienda que era mejor “perderse”, luego preguntando por la familia, los amigos, el perro y el gato, nimiedades, relevancias, detalles grandes, detalles ínfimos, otra vez, ya es mejor colgar porque la berraca llamada vale mucho, entonces mejor otro día hablamos luego le aviso en qué pueblo estoy para que venga y conversemos, tengo calor me voy a tomar unos rones para emborracharme y seguir la nueva rutina… colgó, se fue a seguir jugando billar, luego buscando trabajo por la noche leyendo libros y preparándose a ver qué resulta, la dueña de la pensión retacando por la plata que no ha pagado todavía, preocupaciones, le dan comida pero no lo que él quería, todo por ahora más incierto pero lejos de otra posible pesadilla.