lunes, 19 de mayo de 2008

....sin palabras......

los instantes siguientes al ataque se fueron tornando inciertos... la panorámica comenzaba a ensombrecerse.... la lucidez de siempre se transformaba en un sinfín de incongruencias e incoherencias. Una risa nerviosa acompañada del "me estoy muriendo" al ver que se estaba desangrando eran las expresiones ante la situación... resignación extraña con burla temerosa. Miedo, miedo, desolación en un ambiente desprovisto de compañía alguna. Buscando ayuda, no había tiempo, cada segundo transcurrido era ya un segundo perdido, un segundo más que acercaba esa brecha tan ambigua que hay entre la vida y la muerte... menos vida a cada segundo, cercanía cada vez más a la muerte.
Agonía extraña que no laceraba, que simplemente llenaba de cuestionamientos, "Por qué a mí", "por qué pasó", "ya qué se le va a hacer, ja, me estoy muriendo"... aire resignado... sospecha de lo contundente, pero quizá la risa nerviosa optimista, sustentada en esa leve esperanza que sobrevive en muchos casos, creyendo que llegaría a un lugar donde se le pudiere salvar de su herida mortal. Esperanza a su vez ambigua e incierta, pero suficiente para mantenerse firme unos pocos segundos o instantes más......

Triste historia que no tuvo final feliz porque a pocas cuadras, desangrado totalmente, cayó al suelo y sólo la noticia fatal, tan total y deplorablemente inesperada llegó un 3 de octubre a las 4:49 de la mañana a mi teléfono.